
Los niños interiores, de Pilar Paz Pasamar (Jerez de la Frontera, 1933), es un libro de consumación y madurez, un libro que sirve de perfecta última entrega de su obra poética, con una modernidad sorprendente, y corona una trayectoria en la que sus grandes temas y tonos, desde la senda juanramoniana de Animal de fondo o Espacio y Tiempo, siguen siendo la memoria, la trascendencia, la preocupación por lo humano, y ese peso inmenso de la divinidad que palpita en lo cotidiano, en las cosas diarias e insignificantes, enviando sus mensajes y códigos cifrados. El Nóbel Juan Ramón Jiménez no se fijó por casualidad en ella, sintiendo, desde su precoz primer libro, esta búsqueda insobornable de lo inefable en cada uno de sus versos. Este libro, aúna esa heterodoxia, esta mística de lo vital, esta teología de lo vivido, de lo sufrido y gozado, con una maestría difícil que mezcla la ternura y la sabiduría, lo popular y lo culto, lo tamizado por la vivencia en un sentido lírico, biográfico y sublimado. Un poemario que pone en valor y hace vigentes las tradiciones más clásicas y las más contemporáneas, las secretas y reveladas, las de oriente y occidente, las de lo humano y lo divino. Un libro que habla de la diversidad de la voz interior y de la exterior, de la relación con el mundo y el creador, con la misma naturalidad e inocencia de esos niños que viven y hablan, si se les escucha, desde el fondo de nosotros.
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Redacción.-